Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Óscar Sánchez Nombela

Profesor de Lengua y Literatura

EL ROMANCE DE LA MOZA DE PEDRAZA

Azucena, Azucena,
Azucena el mi amor,
aún recuerdo aquel día
que tu boca me apresó.
Fue justo el mes de otoño,
un poco antes del albor,
cuando los labios tocaron
el “ay” que el cielo exhaló.
-“Soy el mozo del castillo,
apresado por traidor,
solo te pido un deseo:
y es que no te vayas, no”.
-“Soy la moza de Pedraza,
de los sueños el mejor.
Es tarde, mozo garrido,
ya me marcho al parador”.
Fue falsa la felonía,
pero el bulo se extendió.
Era del todo inocente
y enemigo de Almanzor.
Desde entonces, encerrado,
vivo yo en esta prisión
esperando la condena
y la triste ejecución.
Solo queda la nostalgia
de aquel beso y de su adiós.
Solo queda la esperanza
de volver a ver mi flor.
Pero el verdugo ha venido
entonando su oración.
Reza por todos los santos,
reza por mi salvación.
-“Es el día, es la hora –dice–,
y no te conceden don.
Soy la mano que te lleva
al cadalso sin perdón”.
-“Ya la vida se me escapa…
déjemela ver, señor”.
El destino está empeñado
en un final sin honor.
Solo queda despedirme
con esta declaración
y decirte, moza mía,
que tu beso me salvó.



escrito el 11 de Enero de 2012 por en General


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