EL DEMIURGO
En el devenir de la memoria se han arbitrado secularmente multitud de respuestas que buscasen, o encontrasen, alguna definición de la Literatura. Unos han hecho hincapié en el valor connotativo del lenguaje literario, otros han apuntado exclusivamente al uso de figuras retóricas y ha habido incluso los que han convertido el hecho literario en un ente dependiente de otras artes del pensamiento como la Filosofía. Quizá, esa búsqueda tenga que ver con algo tan subjetivo como la intuición, más aún cuando nos encontramos ante una forma artística que pretende contener el mundo en las formas del signo verbal, en los vértices de la palabra. Como decía Octavio Paz, es entonces cuando el artista, contra el silencio y el bullicio, inventa la palabra. Quizá ésa sea la clave del mundo literario; por eso aquella función, la poética, que Ramon Jackobson señalaba como clave para definir este mundo de mundos posibles, o el sueño de otro sueño, hay que entenderlo desde esta perspectiva, desde la facultad del alma de representar las imágenes de las cosas reales o ideales. Claro está que ese mundo no se crea “ex nihil”, necesita el amarre de la realidad, según se entienda ésta en cada momento de la Historia. De esta forma el poeta o el novelista o el dramaturgo se convierten en Hacedores de mundos posibles.



