Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Óscar Sánchez Nombela

Profesor de Lengua y Literatura

EL SÍ DE LAS NIÑAS: ¿UNA DEFENSA DEL AMOR Y DE LA LIBERTAD INDIVIDUAL?

Un libro de texto de Lengua castellana y Literatura de 3º de ESO del presente curso 2009-2010 dice, referente al teatro del S.XVIII, que la figura más representativa del neoclásico fue Leandro Fernández de Moratín y que su obra más importante fue El sí de las niñas; donde el autor “ataca la costumbre bárbara de concertar matrimonios sin contar con la opinión de la mujer”. ¿Esto quiere decir que Moratín se erige en defensor de la libertad de elección de la mujer? ¿Defiende un ilustrado como Moratín la individualidad? Desde luego, parece que la afirmación de ese libro de texto corresponde más a una lectura parcial extemporánea que no tiene en cuenta las circunstancias, el contexto, del hecho teatral.

                Don Diego y don Carlos pretenden casarse los dos con la misma mujer. Este es el juego dialéctico que presenta El sí de las niñas. En una escena a lo largo de la obra, estos dos personajes se enfrentan y ponen las cartas sobre la mesa. Don Diego afirma estar enamorado de esa mujer igual que don Carlos, y que no hace media hora ella misma le ha dicho que le va a otorgar la mano por la obediencia que le debe a su madre. La réplica de su sobrino don Carlos es vehemente: tendrá su mano, pero no su corazón. Esto ofende a don Diego, y don Carlos rectifica: esa mujer, doña Francisca, entregará todo en el matrimonio, porque se portará como conviene a su honestidad y virtud; aún así, vuelve a la misma idea y le deja entrever que cuando la vea llorar la causa será el amor inextinguible que siente y sentirá por él. Esto indigna y enoja a don Diego y lo cataloga de temeridad. A pesar de esa supuesta declaración de amor, don Carlos se retira del campo de batalla, no lucha por el amor, sino que se retira deseándole que sea feliz, y se marcha con la única preocupación de haber podido ofender a don Diego; y lo que desea es su perdón, recordándole que le obedece y le respeta… ¿Qué tipo de conversación, de disputa amorosa, es esta donde uno de los contendientes no lucha por el amor que le da la vida y le desea felicidad a ese matrimonio que rompe toda esperanza de felicidad? ¿Qué tipo de matrimonio se plantea? ¿Realmente funciona el amor como eje vertebrador?

                Lo cierto es que tenemos a dos jóvenes “revolucionario” que se aman y que van a obedecer a sus padres, como conviene a la honestidad y a la virtud. Parecen dos jóvenes que creen en la educación que han recibido porque en ningún momento ponen en peligro la estabilidad familiar: dejan, incluso, el sentimiento de lado. Esto es la Ilustración: don Diego muestra en todo momento una actitud guiada por la razón, que es sinónimo en el ideario ilustrado de utilidad; y la utilidad tiene como consecuencia el bien común. Quiere esto decir que don Carlos cree que la decisión de don Diego redunda en el beneficio del bien común, cree que es un hombre virtuoso y que no errará, por es, y por la obediencia que le debe, renuncia al casamiento. Antepone la razón a la emoción humana, y para él don Diego representa la razón, la luz. En el caso de la mujer ocurre igual. Ella obedece a su madre porque cree que su madre optará por la solución que proporciones ese bien común por encima del individual. No olvidemos que la educación es el pilar que lleva al progreso, a la felicidad de los pueblos. El nuevo hombre, el burgués, buscaba dominar sus pasiones para alcanzar la verdadera felicidad, que no estaba en la penitencia ni en la apariencia de felicidad que ofrecían los goces y los placeres, que se caracterizaban por ser fugaces, sino en su interior, en su conformidad con conducirse según los preceptos de la virtud, que, para esta época, es sinónimo de utilidad.

                De esta forma los personajes coartan su libertad individual a favor del bien común. Esto ocurre tanto dentro como fuera del texto. El propio escritor cercenará conscientemente su genio creador a favor de la utilidad. A este respecto nada fue más útil en la labor ilustrada de enseñar que el teatro. Los autores se condicionaron a sí mismos ofreciendo retratos verosímiles y modelos útiles de comportamiento. Ésa es la razón de por qué la prosa se instaura en el teatro a favor del verso. Y además hay que ofrecer modelos positivos. Esto es lo que ofrece El sí de las niñas , la comedia ilustrada más paradigmática de la ilustración. Don Diego, tío de don Carlos, renunciará al casamiento, no por altruismo, sino porque será consciente de que un matrimonio joven será más útil para la sociedad. En ningún momento don Carlos plantea un cisma en el ambiente familiar: acepta las decisiones de su tío. De esta forma empieza a engendrarse el matrimonio burgués que acabará prácticamente en la endogamia, manteniendo núcleos familiares aparentes. Y es que la renuncia ilustrada al valor individual acabaría teniendo sus consecuencias. La dualidad de la esfera pública con la privada supondrá un paso delante de la falsedad. Una simple anécdota del XVIII que despeja muchas sombras: es en este siglo ilustrado cuando aparecen en los hogares las cortinas que tapó la intimidad y que descubrió la vergüenza.

                En definitiva, el XVIII no es un siglo revolucionario, ni individualista, ni feminista, ya que el fin era mejorar la sociedad a través de la educación, no cambiarla. El teatro, en este sentido, se erige como medio didáctico directo y eficaz capaz de enseñar a gran parte de la población, sobre todo a esa parte que empieza a tener conciencia de clase, la burguesía. Siglo de utilidad y de renuncia al que siempre nos hemos de acercar como verdaderos hijos del S.XVIII que somos.

                Así pues, retomando la afirmación inicial, Moratín no ataca la costumbre bárbara de concertar matrimonios sin contar con la opinión de la mujer, sencillamente porque poco tiene que decir doña Francisca acerca de su casamiento; es don Diego, guiado por la luz de la razón, el que soluciona el conflicto. En ningún momento doña Francisca defiende su propia individualidad y su propia libertad como insinúa la afirmación del libro de texto de tercero de ESO.  Ni doña Francisca es la pastora Marcela, ni Moratín es Cervantes. Quizá el problema esté en pretender condensar tantos contenidos en un solo curso. El resultado: visiones parciales y sesgadas de la Literatura. Pero como lo importante son las competencias…



escrito el 15 de junio de 2010 por en General


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