Sobre todo esto gira el primer capítulo de la novela de Benito Pérez Galdós El amigo Manso. Este capítulo lleva por título un sugerente “Yo no existo”. Se trata de una reflexión sobre el Creador y sus seres creados. Aquí un personaje se convierte en el narrador de sus propias inquietudes, situado en un tiempo y en un espacio difuminados por la nada: vive en el limbo de los personajes de ficción a la espera de ser seleccionado por un Hacedor. Pero no caigamos en ningún tentador apriorismo. En esa anonimia del “yo no existo”, de alguna manera, va implícito aquel “cogito,ergo sum”: si yo no existo, quizá eso quiera decir que yo no pienso, o que otros piensan por mí, o que el pensamiento es una facultada humana y nuestro personaje adolece de esa cualidad, de lo humano. Por si acaso no queda claro lo jura y lo perjura. Y aquí empieza, en cierta medida, el juego dialéctico de la literatura con su lector. ¿Qué quiere decir perjura? ¿que jura su no existencia varias veces, o, por el contrario, que jura en falso? Porque si jura en falso quiere decir que sí existe, y acaso que sí piensa, y acaso que sí posee cualidades humanas. Sea como fuere, nuestro personaje reivindica su carácter de mito, de ficción, ante cualquier tentación de compararle a un ser real, en rastrear en él “el retrato de alguien”, porque “ni es, ni ha sido, ni será nunca nadie”. Así pues, se niega a sí mismo para definir su existencia real: “soy –dice en lenguaje oscuro –una condenación artística, diabólica hechura del pensamiento humano”. Es decir, es un ser creado a un mundo artístico. Pero, ¿por qué es una condenación artística? Retomamos una idea ya aparecida: si el personaje es creado por un hombre, por un ser superior todopoderoso en ese mundo genesíaco, éste puede dirigir su propio pensamiento. Y esto nos lleva a una cuestión un tanto espinosa, ¿es libre el personaje o su destino ya está marcado? Si es una condenación artística la respuesta no parece tan obscura como afirmaba el propio personaje. Porque, en definitiva, tan solo es “ximia Dei”, es el producto alquimista de un dios menor.
El personaje también nos da las claves de las pautas de creación, conoce el génesis de su propio libro sagrado: “el autor se pone a imitar con estilo las obras que con la materia ha hecho Dios en el mundo físico”. De esta forma, el pseudo-dios del autor crea un mundo falso, de sombras, donde imita la realidad, y donde él no es si no una mera falsificación de hombre. Si él es una falsificación de hombre, si el es un trasunto del ser humano, ¿quién es el que no tiene libertad? ¿el personaje? ¿el ser humano? Porque si la novela engendra tipos imitando la naturaleza, ¿dónde está la frontera entre la realidad y la ficción? ¿Quién piensa? ¿el personaje? ¿el ser humano? ¿el autor? ¿Dios? Desde luego, nuestro rebelde personaje se enfrenta a su propio creador, y a todos los de su calaña, catalogándolos de holgazanes que el vulgo, bondadosamente, llama artistas. Es tan solo el sueño de otro sueño, la sombra de otra sombra, es una sospecha de una posibilidad.
Y a la espera de ese ropaje de realidad se pregunta el personaje si el no ser nadie equivale a ser todos. ¿Eso quiere decir que todos esos personajes no son nadie? ¿Ninguno piensa? ¿Ninguno es libre? ¿Es posible extender esta idea al original, al ser humano? Parece ser que las respuestas a estas preguntas es lo que le entretiene mientras permanece en los espacios de la idea; quizá porque cuando definitivamente le echen al ruedo de la vida encuentre la respuesta definitiva, aquella en la que el dolor le diga que es un ser humano.
Evidentemente todo esto que plantea Galdós solo ya en el primer capítulo de esta novela tiene que ver con eso que llaman metanovela, donde los personajes se cuestionan su realidad de ficción. Ahí están don Quijote y Sancho como jueces de su historia de ficción; o Augusto, el personaje de Niebla, pidiéndole a Unamuno que acabe con su existencia; o a Borges, o al otro Borges, el que se esconde tras las ficciones de la Biblioteca de Babel. Porque en ese “Yo no existo” se cierra ese juego tan cervantino del perspectivismo como forma de estudio de la realidad; en este caso a través de un personaje que se cuestiona su existencia, la de todos los seres de ficción, y la de todos los seres que estos imitan, el hombre. Y ahí cuestiona la capacidad del raciocinio, del pensamiento, de la libertad. Y no solo de esto, sino incluso de la forma más tradicional de novelar en el siglo XIX que se revela insuficiente para contener el caos del mundo, reivindicando así una nueva poética concebida por un bien común innegociable, la liberta. Así el autor, el artista, el poeta, se convierten en un pequeño dios hacedor de nuevos mundos. Ahí reside, quizá, la pagana religiosidad de la literatura, que convierte la unión arbitrárea de palabras en un texto sagrado al cual acuden con devoción aquellos fieles que buscan una explicación ante la insuficiencia de un mundo contemporáneo que relega y arrincona sistemáticamente en el recuerdo del pasado eso tan incómodo para los poderes fácticos que se llama imaginación. Por eso, en este contexto, hacemos extensible la poética de José Manuel Caballero Bonald a todas las poéticas, no la de los holgazanes de los que hablaba nuestro personaje, sino a la de aquellos que hacen removerse en el asiento o en la conciencia del lector: “Que mi palabra en el poema signifique más que en la realidad”
En el devenir de la memoria se han arbitrado secularmente multitud de respuestas que buscasen, o encontrasen, alguna definición de la Literatura. Unos han hecho hincapié en el valor connotativo del lenguaje literario, otros han apuntado exclusivamente al uso de figuras retóricas y ha habido incluso los que han convertido el hecho literario en un ente dependiente de otras artes del pensamiento como la Filosofía. Quizá, esa búsqueda tenga que ver con algo tan subjetivo como la intuición, más aún cuando nos encontramos ante una forma artística que pretende contener el mundo en las formas del signo verbal, en los vértices de la palabra. Como decía Octavio Paz, es entonces cuando el artista, contra el silencio y el bullicio, inventa la palabra. Quizá ésa sea la clave del mundo literario; por eso aquella función, la poética, que Ramon Jackobson señalaba como clave para definir este mundo de mundos posibles, o el sueño de otro sueño, hay que entenderlo desde esta perspectiva, desde la facultad del alma de representar las imágenes de las cosas reales o ideales. Claro está que ese mundo no se crea “ex nihil”, necesita el amarre de la realidad, según se entienda ésta en cada momento de la Historia. De esta forma el poeta o el novelista o el dramaturgo se convierten en Hacedores de mundos posibles.
La guía de lectura del primer capítulo del ”El señor de las moscas” es completada con unos ejercicios sobre personajes y acciones:
1. Ralph es elegido como jefe por aclamación, ¿por qué sorprende esta decisión?
2. Al final del Capítulo I, a la vuelta de su exploración para comprobar que están en una isla, se encuentran con un jabato atrapado en unas lianas. Jack saca su navaja para matarlo y en ese momento escapa el animal. Los tres saben que no lo hubiese hecho, ¿por qué?
3. Cuando se forma el grupo a Piggy comienzan a llamarle Fatty. Ralph les dice que se llama Piggy. ¿Cómo se siente Piggy por esto? ¿Por qué lo ha hecho?
4. Descripciones:
“La costa apareció vestida de palmeras. Se sostenían frente a la luz del sol o se inclinaban o descansaban contra ella, y sus verdes plumas se alzaban más de treinta metros en el aire. Bajo ellas el terreno formaba un ribazo mal cubierto de hierba, desgarrado por las raíces de los árboles caídos y regado de cocos podridos y retoños del palmar. Detrás quedaban la oscuridad de la selva y el espacio del desgarrón”.
“Allí, un rasgo rectangular del paisaje interrumpía bruscamente la playa: una gran plataforma de granito rosa cortaba inflexible el bosque, terraza, arena y laguna, hasta formar un malecón saliente de casi medio metro de altura. Lo cubría una delgada capa de tierra y hierba bajo la sombra de tiernas palmeras. No tenían éstas suficiente tierra para crecer, y cuando alcanzaban unos seis metros se desplomaban y acababan secándose. Sus troncos, en complicado dibujo, creaban un cómodo lugar para el asiento. Las palmeras que aún seguían en pie formaban un techo verde recubierto por los cambiantes reflejos que brotaban de la laguna”
Ø Señala los adjetivos calificativos de las dos descripciones. Localiza recursos expresivos.
Ø Redacta una descripción de un lugar donde predominen los adjetivos (incluye recursos).
5. Vocabulario. Busca el significado de las distintas palabras (no olvides indicar la categoría gramatical):
v ASIR
v PLEAMAR
v POZA
v SERPEAR
v APILADOS
v JABATO
Del mes de abril data el proyecto didáctico que intentaba aunar las nuevas tecnologías con metodologías más tradicionales. Ya esbozamos esa parte de las nuevas tecnologías con la propuesta de una caza del tesoro . Ahora vamos a concretar la parte más tradicional con una propuesta de guía didáctica del primer capítulo de la novela. Recordamos que todo el proyecto giraba en torno a “El señor de las moscas”.
CAPÍTULO I “EL TOQUE DE LA CARACOLA”
1. ¿En qué lugar se desarrolla la acción?
o En la estepa.
o En Londres.
o En una isla.
2. ¿Quién o quienes se encuentran en ese lugar?
o Niños.
o Adultos (la tía de Piggy).
o Niños y adultos con megáfono.
3. ¿Cómo han llegado hasta allí?
o En barco.
o En avión.
o En autobús.
4. Ralph se encuentra con Piggy. Piggy es un niño gordito y con gafas. ¿Qué problema de salud tiene?
o Alergia.
o Asma.
o Sinusitis.
5. Ralph y Piggy se encuentran una caracola. ¿Qué hacen con ella?
o Se comen el caracol que lleva.
o La hacen sonar.
o La guardan de recuerdo.
6. La plataforma se convierte en un lugar de encuentro. Entre la gente que va llegando se encuentra un grupo que acude uniformado. Se trata de un coro. ¿Quién va al mando?
o Merridew.
o Sam.
o Simon.
7. ¿Quién se convierte en el jefe del grupo?
o Jack.
o Piggy.
o Ralph.
8. ¿Qué función va a desempeñar el coro dentro del grupo?
o Construir refugios para todos.
o Exploradores del terreno.
o Cazadores del grupo.
9. ¿Qué tres personajes deciden explorar el terreno?
o Sam, Simon, Ralph.
o Simon, Piggy, Jack.
o Ralph, Jack, Simon.
10. ¿Qué encuentran los exploradores al final de su aventura?
o Un jabato.
o Una alimaña.
o Un pavo.
La novela es un juego, es un acuerdo tácito de silencios donde el lector, al sesgo, debe entrever el verdadero sentido, la intención última del autor al recrear el mundo ficticio donde viven libremente los personajes. En “Viaje por Alemania”, la anécdota es el reverso de una guía de viajes convertida en una novela donde emerge el elemento temático que articula toda la construcción narrativa: la relación entre el protagonista y Clara, su mujer. Y es que Clara, profesora de Secundaria y escritora, se embarca en el proyecto de su nuevo libro con la ayuda logística y el apoyo moral de su marido. Se trata de una historia cómplice sustentada en la cotidianidad de la convivencia. Se trata de la generosidad y del egoísmo, de las victorias y de las derrotas, de la intransigencia y de la concesión, de la esperanza y de la desilusión, de la renuncia y de la constancia. Se trata del amor, en suma.
Fernando Aramburu construye así el relato a base de episodios aparentemente fútiles, pero lo que subyace en realidad es la historia y la intrahistoria de una pareja, de un hombre que encuentra a su compañera de viaje, que encuentra a una mujer con quien compartir la experiencia vital de un trayecto que le ha llevado hasta Alemania.
Y en la trastienda de todo este artificio literario se encuentra toda una reflexión metanovelesca al alcance tan solo de creadores dotados de intuición narradora y de las herramientas propias del oficio; una reflexión que supone toda una declaración de intenciones de la poética del autor. Pero todo esto se encuentra en los espacios en blanco a la espera del lector prudente que interprete las claves de la última novela de uno de los mejores novelistas de la actualidad.
Un libro de texto de Lengua castellana y Literatura de 3º de ESO del presente curso 2009-2010 dice, referente al teatro del S.XVIII, que la figura más representativa del neoclásico fue Leandro Fernández de Moratín y que su obra más importante fue El sí de las niñas; donde el autor “ataca la costumbre bárbara de concertar matrimonios sin contar con la opinión de la mujer”. ¿Esto quiere decir que Moratín se erige en defensor de la libertad de elección de la mujer? ¿Defiende un ilustrado como Moratín la individualidad? Desde luego, parece que la afirmación de ese libro de texto corresponde más a una lectura parcial extemporánea que no tiene en cuenta las circunstancias, el contexto, del hecho teatral.
Don Diego y don Carlos pretenden casarse los dos con la misma mujer. Este es el juego dialéctico que presenta El sí de las niñas. En una escena a lo largo de la obra, estos dos personajes se enfrentan y ponen las cartas sobre la mesa. Don Diego afirma estar enamorado de esa mujer igual que don Carlos, y que no hace media hora ella misma le ha dicho que le va a otorgar la mano por la obediencia que le debe a su madre. La réplica de su sobrino don Carlos es vehemente: tendrá su mano, pero no su corazón. Esto ofende a don Diego, y don Carlos rectifica: esa mujer, doña Francisca, entregará todo en el matrimonio, porque se portará como conviene a su honestidad y virtud; aún así, vuelve a la misma idea y le deja entrever que cuando la vea llorar la causa será el amor inextinguible que siente y sentirá por él. Esto indigna y enoja a don Diego y lo cataloga de temeridad. A pesar de esa supuesta declaración de amor, don Carlos se retira del campo de batalla, no lucha por el amor, sino que se retira deseándole que sea feliz, y se marcha con la única preocupación de haber podido ofender a don Diego; y lo que desea es su perdón, recordándole que le obedece y le respeta… ¿Qué tipo de conversación, de disputa amorosa, es esta donde uno de los contendientes no lucha por el amor que le da la vida y le desea felicidad a ese matrimonio que rompe toda esperanza de felicidad? ¿Qué tipo de matrimonio se plantea? ¿Realmente funciona el amor como eje vertebrador?
Lo cierto es que tenemos a dos jóvenes “revolucionario” que se aman y que van a obedecer a sus padres, como conviene a la honestidad y a la virtud. Parecen dos jóvenes que creen en la educación que han recibido porque en ningún momento ponen en peligro la estabilidad familiar: dejan, incluso, el sentimiento de lado. Esto es la Ilustración: don Diego muestra en todo momento una actitud guiada por la razón, que es sinónimo en el ideario ilustrado de utilidad; y la utilidad tiene como consecuencia el bien común. Quiere esto decir que don Carlos cree que la decisión de don Diego redunda en el beneficio del bien común, cree que es un hombre virtuoso y que no errará, por es, y por la obediencia que le debe, renuncia al casamiento. Antepone la razón a la emoción humana, y para él don Diego representa la razón, la luz. En el caso de la mujer ocurre igual. Ella obedece a su madre porque cree que su madre optará por la solución que proporciones ese bien común por encima del individual. No olvidemos que la educación es el pilar que lleva al progreso, a la felicidad de los pueblos. El nuevo hombre, el burgués, buscaba dominar sus pasiones para alcanzar la verdadera felicidad, que no estaba en la penitencia ni en la apariencia de felicidad que ofrecían los goces y los placeres, que se caracterizaban por ser fugaces, sino en su interior, en su conformidad con conducirse según los preceptos de la virtud, que, para esta época, es sinónimo de utilidad.
De esta forma los personajes coartan su libertad individual a favor del bien común. Esto ocurre tanto dentro como fuera del texto. El propio escritor cercenará conscientemente su genio creador a favor de la utilidad. A este respecto nada fue más útil en la labor ilustrada de enseñar que el teatro. Los autores se condicionaron a sí mismos ofreciendo retratos verosímiles y modelos útiles de comportamiento. Ésa es la razón de por qué la prosa se instaura en el teatro a favor del verso. Y además hay que ofrecer modelos positivos. Esto es lo que ofrece El sí de las niñas , la comedia ilustrada más paradigmática de la ilustración. Don Diego, tío de don Carlos, renunciará al casamiento, no por altruismo, sino porque será consciente de que un matrimonio joven será más útil para la sociedad. En ningún momento don Carlos plantea un cisma en el ambiente familiar: acepta las decisiones de su tío. De esta forma empieza a engendrarse el matrimonio burgués que acabará prácticamente en la endogamia, manteniendo núcleos familiares aparentes. Y es que la renuncia ilustrada al valor individual acabaría teniendo sus consecuencias. La dualidad de la esfera pública con la privada supondrá un paso delante de la falsedad. Una simple anécdota del XVIII que despeja muchas sombras: es en este siglo ilustrado cuando aparecen en los hogares las cortinas que tapó la intimidad y que descubrió la vergüenza.
En definitiva, el XVIII no es un siglo revolucionario, ni individualista, ni feminista, ya que el fin era mejorar la sociedad a través de la educación, no cambiarla. El teatro, en este sentido, se erige como medio didáctico directo y eficaz capaz de enseñar a gran parte de la población, sobre todo a esa parte que empieza a tener conciencia de clase, la burguesía. Siglo de utilidad y de renuncia al que siempre nos hemos de acercar como verdaderos hijos del S.XVIII que somos.
Así pues, retomando la afirmación inicial, Moratín no ataca la costumbre bárbara de concertar matrimonios sin contar con la opinión de la mujer, sencillamente porque poco tiene que decir doña Francisca acerca de su casamiento; es don Diego, guiado por la luz de la razón, el que soluciona el conflicto. En ningún momento doña Francisca defiende su propia individualidad y su propia libertad como insinúa la afirmación del libro de texto de tercero de ESO. Ni doña Francisca es la pastora Marcela, ni Moratín es Cervantes. Quizá el problema esté en pretender condensar tantos contenidos en un solo curso. El resultado: visiones parciales y sesgadas de la Literatura. Pero como lo importante son las competencias…
La obra “El médico de su honra” de Calderón la cierran tres personajes: don Gutierre, el Rey y doña Leonor. Evidentemente estamos ante tres personajes pertenecientes a las altas esferas de la sociedad, y tres personajes, por supuesto, con honor. Don Gutierre encumbra el honor: al igual que un noble pone su escudo en la puerta de su casa para hacer ostensión de ese honor, él pone en la puerta la marca de sus manos manchadas de sangre, porque el honor se lava con la sangre; es decir, no basta con ser noble. El honor es una preocupación constante que hay que cuidar y aparentar, y para ello hay que tomar las medidas necesarias, incluso la sangre.
El Rey le dice a Gutierre que ya que su honor acaba de ser lavado con sangre le puede dar la mano a doña Leonor. Esto supone dos cosas: primero, que Leonor tiene honor; y segunda, que si Gutierre ha recuperado el honor tras el derramamiento de la sangre y se puede casar , eso quiere decir que tiene las manos manchadas con la sangre de su mujer. Esta intervención del Rey nos deja una constancia sutil de su papel en este tipo de comedias del S.XVII, ese papel que ejerce como personaje que devuelve el orden social tras el desorden motivado con el contexto general de la obra. Él es la justicia, y su poder emana de un origen divino. Por eso Gutierre no lo cuestiono y dice “sí, lo doy”; y además advierte a Leonor: te doy mi mano, pero bañada en sangre. Se lo deja claro, lo más importante, por encima incluso del matrimonio, es el honor (el amor ni siquiera se menciona). Pero es que a Leonor ni le importa ni le sorprende. Ella también forma parte de esa sociedad que ha convertido el honor en el principio que rige sus mundos.
Claro que es un tema del que también participa el espectador de la época. No olvidemos la heterogeneidad del público de este tipo de espectáculos. Y que ese concepto del honor no es exclusivo de la nobleza. Se trata de poseerla, mantenerla y aparentarla. Por lo tanto se produce una dialéctica de la que el receptor, el espectador coetáneo, se ve implicado, ya que se está tratando algo acerca de uno de los pilares de la sociedad áurea.
Gutierre, por si no ha quedado claro, insiste: soy médico de mi honra, una vez la he curado con sangre y esta ciencia no se me olvida. La respuesta es lapidaria: si yo enfermo, cúrame. Es decir, si yo como tu mujer te deshonro y pierdes el honor, nuestra categoría social se verá mermada al perder el decoro. Ante eso, mejor la muerte. Para Leonor, al igual que Gutierre, lo importante es esa pátina exterior del honor real y aparente. Ninguno de los dos acude al matrimonio a través del amor: aceptan el matrimonio como una solución decidida por el rey y aceptada por todos como lo más adecuado para restablecer el orden perdido y recuperar el honor, tanto Gutierre como Leonor. Pero no olvidemos que las manos de don Gutierre están manchadas de sangre; y es que estaría dispuesto a volver a hacerlo pues con esa condición da la mano a Leonor. Pero, ¿puede estar una persona, un caballero del XVII, en posesión de su honor cuando tiene las manos manchadas de la sangre de su mujer? Quizá para responder a esto necesitaríamos conocer las circunstancias de esa supuesta traición, traición que no se llevó a cabo ya que don Gutierre mata a su esposa por sospechas y no por hechos. Desde luego que el tema que plantea Calderón es espinoso en la época y lo que provoca en escena es la función última del teatro: conmover al espectador para que éste también participe con su opinión, con su agrado o desagrado del proceso artístico.
La idea de este proyecto consiste en trabajar esta asignatura optativa de esta forma a lo largo de todo el curso. Hemos tratado, simplemente, de esbozar a través de un ejemplo en qué consistiría la forma de trabajar. Una forma de trabajar que intenta priorizar la obra literaria y el papel del alumno como lector aunando e integrando los recursos en Red de forma armónica, productiva y constante. El objetivo final de esta asignatura sería lograr la madurez lectora del alumno con los beneficios académicos y personales que esto supone.
Vamos a dividir los contenidos en dos bloques. En cada uno de ellos vamos a emplear una metodología distinta; de esta forma iremos desde la clase magistral hasta el aprendizaje constructivo, desde la inducción a la deducción.
Para el primer bloque de contenidos (texto narrativo) dedicaremos siete sesiones. A lo largo de estas sesiones se irá leyendo de forma paulatina la novela propuesta. En cada clase se harán preguntas de comprensión y se irán desgranando las claves de la novela prestando especial atención a los elementos narrativos.
Es en el segundo bloque (texto argumentativo) donde vamos a proponer ACTIVIDADES Y RECURSOS EN RED. Las actividades van a girar en torno a uno de los temas de la novela: la maldad. Vamos a organizar una caza del tesoro que lleve por título “La maldad en el ser humano”. Esta caza del tesoro, los alumnos podrán localizarla en el blog de aula que se habilitará durante el curso para este tipo de actividades y para publicar los trabajos de los alumnos. La primera sesión transcurrirá en aula de informática. Allí verán, de forma individual, el vídeo titulado “La pendiente resbaladiza de la maldad”* (y contestarán a las siguientes preguntas: ¿Dónde se llevó a cabo el experimento? ¿Quiénes participaron? ¿En qué consistía? ¿Tuvo éxito? ¿Les desbordó el experimento a los participantes y al responsable? En la segunda sesión continuarán con más preguntas; ahora en trono a otro vídeo: se trata de un capítulo de la serie de animación “Los Simpson” titulado “El autobús de la muerte”* y que recrea la novela “El señor de las moscas”. De esta forma nos acercaremos a la influencia de la novela en otros modos y medios de expresión artística. En esta ocasión la actividad consiste en comparar la novela con el capítulo señalando semejanzas y diferencias, fundamentalmente en lo que atañe a la intención comunicativa de ambas. Y llegamos a la gran pregunta. En estas últimas sesiones el alumno trabajará con un Libro Interactivo Multimedia sobre los textos argumentativos: http://www.tinglado.net/tic/manuel/textosargumentativos/textosargumentativos.html La gran pregunta consiste en elaborar un texto argumentativo que trate el tema de esta caza del tesoro: la maldad en el ser humano. El texto deberá tener una extensión mínima de dos hojas y habrá de incluir entre los argumentos ejemplos extraídos de la propia novela (además de los distintos tipos de argumentos propios de este tipo de textos). Los trabajos se enviarán como archivo adjunto al correo del blog de aula. Se indicará, además, la bibliografía consultada. Como requisito indispensable los trabajos se presentarán a doble espacio.
EVALUACIÓN:
Las preguntas de comprensión y el trabajo del primer bloque donde emplearemos metodología y herramientas tradicionales supondrán el 40% de la nota (20% comprensión, 20% trabajo diario).
En el segundo bloque, las preguntas supondrán el 20% y la gran pregunta el 40%.
MATERIALES:
“El señor de las moscas”, de William Goding.
Aula de informática debidamente dotada.